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Mo de movimiento: un proyecto consciente hacia el consumo local y sostenible

Parafraseando el nombre de este original proyecto a mí me movía la curiosidad, porque debido a mi trayectoria como periodista agroalimentaria me parecía realmente interesante esta idea de apoyo al producto de cercanía propuesto por este restaurante situado en la calle Espronceda. Así que decidí escaparme un día a comprobarlo por mí misma.

Nada más cruzar el umbral de la puerta me atendió un chico muy amable que tras comentarle que venía a probar el restaurante porque escribía en un blog sobre gastronomía, empezó a explicarme la historia y peculiaridades del local con una pasión insospechada. Me parecía muy cercano para ser el propietario, pero muy involucrado para ser parte de la plantilla, así que me picó la curiosidad. Al rato descubrí que estaba equivocada. Se trataba de uno de los socios fundadores, Felipe Turull, que simplemente es encantador. Tanto que me dedicó otro rato extra para desvelarme algunas de las particularidades de este proyecto tan único y que voy a compartir con vosotros.

Felipe reconoce que la semilla inicial del proyecto, que se ha hecho realidad en el antiguo Teatro Espronceda era idealista y romántica. “Queríamos mostrar el lado amable y creativo del capitalismo, un capitalismo que genera un valor humano, tangible y perdurable. De hecho me inspiró mucho en esta aproximación el libro Capitalismo consciente, escrito por el fundador de Whole Foods John Mackey. 

La idea inicial era poner en marcha un hotel, pero Felipe y su socio Javier Antequera, fundador del grupo de restaurantes Lateral, se dieron cuenta de que competían con grandes grupos y que era muy complicado ponerlo en marcha. Finalmente encontraron lo que Felipe denomina “un local precioso, un enorme agujero negro con un potencial enorme”. Las obras se alargaron durante 16 meses, capitaneadas por el arquitecto e interiorista de culto Lucas Muñoz, que era el más indicado para plasmar su aspiración de sostenibilidad en su máximo potencial. 

En esta reforma se ha pretendido dejar la mínima huella de carbono, reutilizando materiales de demolición del teatro que han sido por ejemplo reconvertidos en asientos.  Los 1135 metros cuadrados iniciales se han quedado en 900, incluyendo un espectacular patio mediterráneo con naranjos recuperados de Valencia, obra del paisajista Fernando Martos y techos de alturas increíbles, un extra muy apreciado en tiempos Covid, aunque jamás sus fundadores imaginaron que tendrían que enfrentarse a un reto similar. 

La otra característica que hace tan único a un proyecto como Mo de Movimiento es el cuidado con el que se eligen las materias primas y los proveedores, todos ellos pequeños productores y no demasiado lejos del corazón de Chamberí donde se encuentra el restaurante. Para ello Felipe se tomó algo más de un año para recorrer España y encontrar estos tesoros, el sueño de cualquier foodie que se precie, y convertirlos en el mágico amalgama que hoy compone el menú de Mo de Movimiento. “Viajando te das cuenta de muchas cosas, como del extraordinario trabajo que están realizando muchos productores jóvenes que mantienen vivo el entorno rural. Por ejemplo, los 250 pollos de pasto que servimos al mes los compro íntegramente al dueño de una pequeña explotación en la Vera. De hecho, gracias a nosotros ahora han decidido expandir el negocio”, comenta. 

Naranjas ecológicas de Valencia, orujo artesano y también ecológico de Asturias… Otros ejemplos son la harina para sus pizzas, que viene de un molino de Sigüenza en Guadalajara, mozzarella de Valladolid. Y es que las pizzas de masa madre son una de las especialidades de Mo de Movimiento, gracias a su horno de leña y a su maestro pizzero. Pizzas eso sí, saludables y muy originales como la de butifarra ecológica de la Garriga, seta shitake ecológica del País Vasco y queso “Frida” de Oveja. 

Y es que detrás de estas aparentemente pequeñas decisiones hay una pasión decidida por “un modelo de producción hiperlocal de productores de proximidad”, resume Felipe. “Creo que después de esta pandemia esta tendencia se va a hacer aún más visible y necesaria. Por ello su creador concibió Mo de Movimiento como una espacio abierto y acogedor, en forma literal y metafórica, y nada elitista. “El ticket medio es de unos 25 euros porque nuestro restaurante está concebido para que todo el mundo que esté interesado en esta aproximación a la gastronomía pueda disfrutarlo. Aquí puede venir Álvarez Pallete, pero también el técnico que te pone la wifi en casa”, explica. “La cultura y cierta sensibilidad no tienen por qué estar directamente relacionadas con la capacidad adquisitiva”.

Y es que según Felipe Turull, “hay mucha gente con dinero que no entendería un restaurante en el que las sillas se han fabricado con materiales de desescombro. A mí me gusta decir que nuestro cliente potencial. Nuestro cliente potencial es conscientemente consciente. Si te dan alternativas de consumo responsable las valoras y aceptas de buen grado”. 

Pero, como su propio nombre indica este emprendedor consciente siempre está en movimiento, y ya está dándole vueltas a como su proyecto más querido va a crecer de forma sostenible. “Nuestro objetivo es dar alternativas de consumo responsable en diferentes ciudades españolas. Ahora en el modelo que está funcionando nos gustaría ir creciendo ciudad por ciudad, abriendo un flagship por ciudad”. Explica Felipe. “Entre nuestras candidatas están Valencia, Málaga, Bilbao, Barcelona y Lisboa. Aunque reconozco que a día de hoy todavía estamos un poco verdes en este tema. Pero es importante tomarse las cosas con calma y meditar los próximos pasos”, concluye.

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