Juan Carlos Sancha: el héroe de la vid olvidada

por | Jun 6, 2023

Serie: la otra Rioja

Todas las historias con final feliz necesitan un héroe. En el caso de las variedades autótoctonas de Rioja recuperadas in extremis antes de su desaparición estaríamos hablando de Juan Carlos Sancha. Viticultor por legado familiar, enólogo, profesor universitario y doctor. Todo en uno y al mismo tiempo.

En esta perfecta trinidad vinícola se aúnan décadas de curiosidad, conocimiento y sobre todo experiencia a pie de viña. De ahí que en sus fincas de Baños del Río Tobía hayan sido testigos de la recuperación o nacimiento de variedades como el tempranillo blanco, la maturana blanca, la maturana tinta y la monastel. De hecho es el único enólogo en el mundo que elabora vino con esta variedad.

Juan Carlos Sancha: el héroe de la vid olvidada
Juan Carlos Sancha contemplando sus fincas desde Cerro la Isa

Cerro la Isa

Juan Carlos Sancha pertenece a una familia de viticultores en un pueblo que por sus condiciones climáticas frías y secas es más conocido por los embutidos que por el vino. Afortunadamente éste es uno de los motivos por los que se han mantenido muchas de las viñas viejas que eran tratadas más como patrimonio familiar que como negocio “Son las que la gente mantenía para hacer vino en casa porque sabían que de ellas salía el mejor vino”, explica el viticultor. Los suelos arcillo calcáreos, aquí más rojizos, son testigos mudos de la historia del vino de Rioja.

Los viñedos que él heredó de sus abuelos tienen más de 100 años: Cerro la Isa y Peña el Gato fueron el germen de la aventura que emprendió en 2008 para cultivarlas y crear su propio vino y al mismo recuperar variedades casi desaparecidas gracias a sus trabajos de investigación en la Universidad de La Rioja junto al catedrático Fernando Martínez de Toda.

El trabajo de Juan Carlos Sancha se encuentra en el corazón de la evolución de los vinos de Rioja en las últimas décadas. Curiosamente, también su finca más querida, cerro la Isa, permite apreciar a vista de pájaro prácticamente todo el territorio de la DO. “Cerro la Isa es el pico más inclinado de Rioja y eso nos permite tener una vista panorámica impresionante, porque Rioja es como California, no como Ribeira Sacra o el Priorato”, comenta.

Su zona, el Alto Najerilla, siempre fue territorio garnacha hasta la década de los 80 en la que el arrasó el tempranillo. Afortunadamente cada vez más agricultores están recuperando viñas viejas de garnacha, aunque sigue siendo casi un acto heroico y minoritario. El esfuerzo extra que requiere no se compensa lo suficiente a la hora de vender la uva. “La uva de esta viña la pagarían en una cooperativa como mucho a un euro, y cuesta producirla tres. La gente local no quiere trabajar en las zonas más difíciles porque no les compensa. Tienen que sacarlas adelante proyectos como el mío” lamenta.

Las viñas centenarias siempre se plantaban en pendiente y en la cara sur para buscar el sol en esta zona considerada una de las más frías de la DO. En Cerro la Isa no solo hay garnacha, también hay uvas el blancas y otras variedades: “Mis padres y mis tíos elaboraban vino mezclando todas las uvas. Nosotros hoy en día lo separamos y elaboramos el blanco aparte con las variedades que aquí encontré: garnacha blanca, viura, malvasía, turruntés y calagraño. El resto es garnacha para elaborar el tinto Cerro la Isa”.

No tiene problema en reconocer que los mejores vinos de su bodega salen de los viñedos centenarios de Cerro la Isa y Peña el Gato. “Yo soy doctor e ingeniería agrónoma, he recorrido le geografía española y Chile plantando viñedos nuevos. Hacemos buen vino pero lo sale la uva que sale aquí, fruto de la sabiduría ancestral de agricultores que nunca fueron a la universidad pero usaron el sentido común”.

Afortunadamente, también está creciendo interés en un tipo de consumidor que es capaz de valorar estos lugares especiales. “Cuando subimos a las visitas aquí entienden perfectamente que no puede valer lo mismo un vino producido en espaldera de forma mecanizada que el que hacemos nosotros. Tengo confianza en que esta tendencia va a ir a más”, comenta.

El milagro de las variedades recuperadas

En plena década de apogeo de las variedades internacionales, los años 80, Juan Carlos Sancha decidió remar a contracorriente y empezó a rescatar variedades autóctonas. “Recuperamos 27 variedades de vid. Una de ellas es la monastel, que cultivo aquí y es el único lugar del mundo donde se cultiva. Éramos los locos de la colina”, recuerda. “Hemos luchado durante décadas para que se conservaran las variedades autóctonas como la maturana tinta y la maturana blanca,  a pesar de la presión de las grandes bodegas para que los agricultores las arrancaran para plantar variedades foráneas. Ahora de están dando cuenta de que fue un error “.

Juan Carlos Sancha es el único productor de Rioja que no hace vinos de tempranillo tinto. Pero sí tempranillo blanco, una mutació espontánea que surgió en una vid en 1988. El enólogo riojano se encargó de recoger y multiplicar este sarmiento. Una variedad nueva había visto la luz.

También rescató en colaboración con la Universidad de la Rioja la maturana tinta a finales de los 80. «Martínez de Toda y yo nos encargamos de multiplicarlas, y lo mismo sucede con la monastel de Rioja», nos cuenta.

Afortunadamente, estos visionarios no están solos y hay cada vez mayor interés por recuperar estas variedades locales. “Finalmente nos hemos dado cuenta de que se puede innovar desde lo nuestro, que es lo que mayor interés va a crear fuera, ya que es el reflejo de nuestra identidad propia. Cada vez el mercado está más interesado en estas historias únicas”.

Tempranillo blanco
Tempranillo blanco

En la bodega

Sancha Wines está entre una de las 20 más pequeñas de Rioja. “Producimos 70.000 botellas al año cuando la bodega media produce 700.000 botellas y las más grandes como Campo Viejo, hasta 32 millones. Las 40 bodegas más grandes de Rioja comercializan el 80% del vino. También es verdad que ser pequeños nos da mucha más flexibilidad, no pueden hacer las tonterías que hacemos los pequeños probando cosas nuevas”, bromea.

Los vinos que produce este viticultor riojano se dividen en dos proyectos: Cerro La Isa y Peña el Gato, que son vinos de garnacha centenaria inspirados en el nombre de una de sus parcelas centenarias.

Peña el Gato

Juan Carlos Sancha comercializa una colección de seis garnachas de seis viñedos centenarios que están en un radio de 3 km. en el Alto Najerilla. “Cada botella cambia porque es un terroir distinto. Es muy interesante ver la diferencia. En cada botella ponemos el nombre del viticultor que ha preservado ese viñedo”. “Por otro tenemos el Peña el Gato en distintas elaboraciones: barrica, barrica sin sulfitos, tinaja y granito. Éste último se elabora en un depósito de granito que mandé hacer para mí, porque quería comprobar la evolución del vino”, explica.

Peña el Gato barrica se elabora en barricas de 500 litros de roble francés. Se meten los granos de uva dentro de la barrica, que se hace girar varias veces al día. Cuando acaba la fermentación subimos la barrica y fermentamos por gravedad. En el caso de las tinajas de barro se trata de un proyecto de investigación de la Universidad de la Rioja que comenzó hace ocho años. “No había experiencia previa en Rioja, sí en Levante o en La Mancha y quise ver cómo funcionaba aquí”, explica. En cuanto al granito ha sido una apuesta personal, ya que el enólogo quería comprobar cómo se comporta este material, el más poroso de toda la bodega.

A la hora de catar el vino, las elaboraciones en tinaja y granito consiguen que la variedad se exprese mucho más, ya que son materiales inertes que no imprimen su sello propio como la barrica. “El  recipiente de granito lo rellenamos una vez a la semana por la permeabilidad que tiene. Aquí la fruta se alterna con hierbas de monte y un toque salino. Cuando lo huelo me recuerda a un día de tormenta”, rememora.

Pero las cualidades que hace única a la garnacha de Peña el Gato no provienen únicamente de su forma de elaboración. El clima frío de Baños del Río Tobía la hace más fresca y menos dulce, con un color más pronunciado y taninos más finos y elegantes que hace que quieras seguir bebiendo.

Peña el Gato

Otros vinos únicos

Entre los vinos únicos que tuvimos la oportunidad de catar procedentes de Cerro La Isa destaca Ad libitum maturana blanca, que en opinión del enólogo riojano es la mejor variedad de uva blanca que hay en la DO con mucha diferencia respecto al coste. “Es la variedad más antigua que documentada. Aparece en escritos de 1622. En mi tesis doctoral explico que se aparece por primera vez en los diezmos de Nájera”. Juan Carlos Sancha la recuperó en 1987 y en su finca están los viñedos más antiguos. Nos comenta que solo cinco bodegas están produciendo en la actualidad vinos de maturana blanca.

Este viticultor también es el único en elaborar un vino con monastel, que es una uva casi desaparecida que encontró en 1989 mezclada con otras variedades en sus fincas más antiguas, cerro la Isa y Peña el Gato. De color importante, tánica y ácida, esta uva es austera al principio, para después ir abriéndose en notas especiadas, pimienta, frutas negras y un toque cárnico.

Ad Libitum monastel de Rioja es el único vino elaborado con esta variedad en el mundo
Ad Libitum monastel de Rioja es el único vino elaborado con esta variedad en el mundo

Un futuro complejo, pero lleno de posibilidades

Para Juan Carlos Sancha nos encontramos en un mercado complicado, pero cree que el futuro de las bodegas como la suya, que hacen las cosas de forma diferente y están permanentemente buscando nuevos caminos. “A la gente cada vez le gusta más el mensaje de una bodega pequeña y sostenible, que hace las cosas de forma diferente. Creo que nuestro momento ha llegado”.

Juan Carlos Sancha nos muestra las impresionantes vistas de Cerro La Isa

En Madrid puedes encontrar los vinos de Juan Carlos Sancha en la vinoteca Tierra

Más artículos sobre la serie La otra Rioja:

Abel Mendoza: la viticultura a contracorriente

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